| Homosexualidad en familia |
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| Written by Manu Mediavilla | |||
| Monday, 28 June 2010 00:00 | |||
Madrid, 28 de junio de 2010 Agencia Colpisa / Grupo Vocento “La familia tiene un impacto profundo en la salud física y mental de sus hijos e hijas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero” (LGBT), alerta la investigadora estadounidense Caitlin Ryan. Y prueba de ello es que el fuerte rechazo familiar multiplica todo tipo de riesgos en la adolescencia LGBT: por ocho el de suicidio, por seis el de depresión, por tres el de drogadicción y también por tres el de infección por VIH-sida y el de contraer enfermedades de transmisión sexual. La aceptación, en cambio, favorece su autoestima, su confianza en una vida adulta feliz y el deseo de formar a su vez una familia. Los datos, que cobran plena actualidad en el Día Internacional del Orgullo Gay celebrado este lunes, proceden del estudio cualitativo “La importancia de la aceptación familiar para la salud física y mental de los jóvenes homosexuales y bisexuales”, dirigido en la Universidad de California por la propia Ryan. Y su mensaje positivo, como recalcó la investigadora cuando presentó hace unas semanas los resultados en Madrid, es que “las familias pueden aprender a darles apoyo”, ya que su rechazo partía muchas veces “desde el amor y la mejor intención”. Discriminación De ahí su insistencia en la necesidad de “desmitificar que las personas LGBT tienen un desarrollo diferente”, porque “lo que cambia es la discriminación”. De hecho, tras recordar que “entre el 2% y el 7% de los adultos son lesbianas, gays o bisexuales”, el estudio aclara que tanto los menores homosexuales como heterosexuales “se dan cuenta por primera vez de que les atrae sexualmente otra persona alrededor de los 10 años de edad”. Y la propia investigación señala que “la edad promedio en la que los jóvenes se daban cuenta de que eran homosexuales era poco después de los 13 años” (13,4 exactamente, “en pleno centro de convivencia en la familia, remarcó Ryan), aunque “muchos de ellos lo sabían incluso a los 5 ó 7 años”. Algunos lo contaron a su padre, madre u otro familiar. “Pero muchos no se lo dijeron a nadie”, remacha el equipo investigador dirigido por Ryan, porque “sabían que podían ser discriminados y lastimados” y que “podían avergonzar y humillar a sus familias”. La incomprensión y marginación sociales les llevaban, pues, a autoimponerse una ley del silencio en la que “desde temprana edad aprenden a ocultar sus sentimientos más profundos a las personas que aman”. Y ello, como confiesa la madre de una lesbiana adolescente, conduce a un auténtico desastre emocional: “El silencio aísla a su hijo homosexual de la familia. Obligarlo a que mantenga su homosexualidad en secreto puede romper su corazón y hasta ponerlo en riesgo de matarse”. Doble actitud Como presidenta de la Asociación de Madres y Padres de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transexuales (AMPGYL), Esther Nolla puede confirmar el “sufrimiento de esos hijos e hijas, la infancia que han pasado y qué grave es cuando la marginación la produce la madre, el padre o gente que daría la vida por un familiar. Hemos vivido en nuestras casas cómo con gran amor hemos hecho daño a nuestras hijas e hijos”. El estudio de la Universidad de San Francisco confirma que “los padres suelen temer que otras personas puedan lastimar a sus hijos homosexuales o transgénero”, y que ese “temor lleva a muchos a reaccionar negativamente ante esa identidad LGBT para tratar de protegerlos”, hasta el punto, a veces, de “intentar desalentar o cambiar tal identidad”. Frente a esa actitud negativa, cuyo repertorio de intolerancia incluye insultos, golpes, exclusión familiar, veto de amistades LGBT, confesiones humillantes, expulsiones hogareñas y hasta amenazas de castigos divinos, el estudio de Caitlin Ryan desvela que el apoyo familiar es la mejor receta para garantizar el bienestar físico y mental de esas hijas e hijos. “Lo más importante es que crezcan con un proyecto afectivo”, remarca Nolla. Y la investigación lo ratifica al constatar que ese respaldo familiar puede y debe producirse incluso “aunque no estén de acuerdo con que sean homosexuales o transgénero”. En este caso, es fundamental que padre y madre “sean honestos acerca de sus sentimientos y preocupaciones”, pero, eso sí, “asegúrense de decirle a su hijo que lo aman”. Será suficiente para “comunicarse y hablar sobre temas difíciles o vergonzosos”, y les ayudará “a crecer juntos como una familia unida”. Trackback(0)
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